Un nuevo cráneo agita el debate de la evolución humana

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Oct 182013
 

 

Los fósiles de Dmanisi, en Georgia, tienen 1,8 millones de años

Alicia Rivera. El País. Madrid 17 OCT 2013 

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Los cinco cráneos humanos primitivos de Dmanisi (Georgia), del 1 al 5 (de izquierda a derecha). / M. PONCE DE LEÓN / CH. ZOLLIKOFER (UNIVERSIDAD DE ZÚRICH).

Un cráneo humano de hace 1,8 millones de años y estupendamente conservado emerge hoy a la luz oficialmente para entrar directo a la historia de la paleontología. Ha sido hallado en Dmanisi, Georgia, un yacimiento en el que se han ido desenterrando en las últimas dos décadas los fósiles de los hasta ahora más antiguos homínidos fuera de África. Es un cráneo de hombre adulto, con un cerebro pequeño, muy primitivo, arcos protuberantes en la frente, una mandíbula grande con buenos dientes y voluminosos músculos de masticación; el individuo sería de baja estatura pero su cuerpo tendría ya las proporciones del hombre moderno, con piernas largas y brazos cortos. Sufría artritis en la mandíbula y tiene una zona fracturada y curada, quien sabe si de un accidente o de una pelea. Los científicos, tras cinco años de estudio exhaustivo del cráneo, el número 5 de Dmanisi y aún sin apodo para reconocerle fácilmente, dicen que es una forma muy primitiva de los primeros Homo, de la misma especie que los encontrados en África de hace poco más de dos millones de años. Algunos respetados paleontólogos que lo han visto lo califican ya de “fósil icono”. Por su edad (casi el doble de años, por ejemplo, que los individuos más antiguos de Atapuerca) y sus características, el número 5 de Dmanisi se sitúa justo en el torbellino del debate sobre el origen evolutivo del género Homo.

Los autores del descubrimiento, liderados por David Lordkipanidze, afirman que es el primer cráneo del mundo hasta ahora completamente conservado de un homínido adulto de tal antigüedad, esos 1,8 millones de años, lo que demuestra que los primeros Homo se dispersaron fuera del continente africano poco después (en tiempos paleontológicos) de su surgimiento y que las hasta ahora clasificadas como diferentes especies humanas de ese período son, en realidad, una sola. “Es un espécimen fantástico, genial, no importa cómo lo clasifiques, este cráneo y otros de Dmanisi están entre los mejores testimonios que tenemos acerca de cómo, dónde, cuándo y por qué evolucionaron los humanos”, resume el paleoantropólogo estadounidense Tim White en un comentario en la revista Science, donde se da a conocer el cráneo.

Ilustración del individuo del cráneo número 5 de Dmanisi. / j.h. matternes

Ilustración del individuo del cráneo número 5 de Dmanisi. / j.h. matternes

Dmanisi es una pequeña población medieval situada en lo alto de una colina a 80 kilómetros de la capital georgiana, Tbilisi. “Hace 30 años, durante una excavación, se descubrieron unos sedimentos que contenían huesos de animales: después aparecieron antiguos instrumentos de piedra y fósiles de homínidos”, recapitula Lordkipanidze, director del Museo Nacional de Georgia. Se han encontrado ya restos de, al menos, cinco individuos: un macho adulto de edad avanzada y sin dientes; otros dos machos adultos, una hembra joven y un adolescente cuyo sexo no se ha determinado.

El número 5 se descubrió en dos etapas de la excavación: la mandíbula en 2000 y el cráneo cinco años después, pero los científicos están seguros de que casan a la perfección, que son del mismo individuo, pese a la sorpresa de encontrarse con un cráneo pequeño muy primitivo (el cerebro tendría unos 450 centímetros cúbicos, frente a los 1.350 de la especie humana actual) y una cara algo más moderna, aunque con el morro protuberante. Mediría entre 1,46 y 1,66 metros de altura y pesaría entre 47 y 50 kilos.

En el yacimiento, que aún se esta excavando, han aparecido piezas de industria lítica que aquellos remotos humanos utilizarían para descarnar animales, y muchos restos de plantas y fósiles de fauna, “incluidos los terribles tigres de dientes de sable y un guepardo gigante extinguido”, explica Ann Gibbons en Science. “La confrontación con esas bestias sería corriente… y peligrosa”, añade. Los cinco homínidos de Dmaniasi se encontraron en cavidades subterráneas que pudieron ser guaridas a las que los animales arrastrarían sus presas. La zona, hace 1,8 millones de años, gozaba de un clima templado y moderadamente húmedo.

Los investigadores de Dmanisi, dadas las características de los fósiles, habían propuesto una especie nueva para esos homínidos: Homo georgicus. Sin embargo, cambian de interpretación al presentar el cráneo número 5, con lo que agitan el debate científico internacional acerca de las primeras especies del género Homo. Ellos afirman, primero, que entre los cinco individuos de Dmanisi las diferencias que se aprecian no son mayores que las que hay entre cinco personas actuales o entre cinco chimpancés.

Sería un individuo de baja estatura y con el cerebro aún pequeño. Pero, además, proponen que esta población georgiana tampoco es fundamentalmente diferente de las africanas contemporáneas —o poco anteriores— que hasta ahora se venían clasificando como diferentes especies (Homo habilis, Homo rudolfensis y Homo erectus) dentro del género Homo. “Esto implica la existencia de un único linaje evolutivo del Homo primitivo”, afirman Lordkipanidze y sus colegas; ellos engloban todas esas formas en una única especie, H. erectus, incluyendo la población georgiana.

“Este nuevo cráneo confirma que los fósiles de Dmanisi son lo que parecen: una forma primitiva del H. erectus, o mejor, de su variante africana más antigua, que algunos llaman Homo ergaster”, señala Juan Luis Arsuaga, catedrático de Paleontología de la Universidad Complutense y codirector de las excavaciones de Atapuerca. “Dicho de otro modo, se trata de un australopiteco evolucionado, con capacidad craneal mayor, pero con una cara todavía muy proyectada y muelas grandes”. Pero ese mismo espacio intermedio, por la morfología de los individuos, entre los australopitecos y el H. erectus, lo ocupaban hasta ahora los fósiles africanos agrupados en la especie H. habilis, continúa el experto español. “Ahora, los investigadores de Dmanisi sostienen que H. habilis (en África) y los fósiles georgianos son la misma especie y prefieren desterrar el nombre de Habilis y adoptar el de Erectus. Me parece que es estirar demasiado la especie H. erectus y que hay hueco para una forma intermedia, el clásico H. habilis”, concluye Arsuaga.

Resumiendo, Lordkipanidze y sus colegas sitúan sus fósiles en el mismo nivel evolutivo que los primeros Homo africanos, de hace poco más de dos millones de años. “La población de Dmanisi probablemente se originó a partir de una expansión a partir de África del linaje H. erectus en el Pleistoceno Temprano”, concluyen. “Parece razonable asumir que hubo una única especie de Homo en aquel tiempo en África y, dado que los homínidos de Dmanisi son tan similares a los africanos, nosotros asumimos que ambos pertenecen a la misma especie”, explica Christoph Zollikofer, del Instituto y Museo Antropológico de Zurich (Suiza), otro de los investigadores del equipo.

El cráneo número 5 de Dmanisi en el yacimiento. / Georgian National Museum

El cráneo número 5 de Dmanisi en el yacimiento. / Georgian National Museum

Hubo una única especie del género Homo primitivo, señalan los expertos

Así, el cráneo número 5 de Dmanisi parece indicar que más que varias especies de Homo ecológicamente especializadas, hay una solo capaz de desenvolverse en diferentes ecosistemas.

Es una propuesta controvertida y otro de los científicos del equipo, Philip Rightmire (de la Universidad de Harvard) la califica de “pequeña bomba”, según recoge Gibbons. La verdad es que ni siquiera parece haber acuerdo entre los científicos acerca de si los cinco individuos de Dmanisi son una única especie o no, así que el estupendo cráneo número 5 se estrena abriendo una buena polémica.

“Una conclusión importante de la propuesta de Homo erectus como especie única es que el patrón evolutivo es lineal en esa época y no ramificado”, apunta Arsuaga. “Es decir, que solo ha habido una línea evolutiva dentro del género homo y no dos. Me parece que está por ver”. En todo caso, continúa, “el cráneo número 5 de Dmanisi es un fósil espectacular; solo hay otro igual de completo (o incluso más) en el registro fósil: el cráneo número 5 [hasta el nombre coincide] de la Sima de los Huesos de Atapuerca”.

Toda la Tierra al alcance del usuario desde el espacio

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Oct 162013
 

mapa satelite

Temperaturas del mar en torno a la península Ibérica medidas desde satélite. / esa

 

Los satélites miden hielos, temperaturas, vientos, nivel del mar, corrientes y otros muchos parámetros que Europa empieza a explotar económicamente.

Alicia Rivera. El País. Edimburgo 17 SEP 2013

Que la única perspectiva de toda la Tierra es la que se tiene desde el espacio es obvio. También lo es que los satélites en órbita ven el suelo, el hielo, el agua y los océanos a escala global y miden múltiples parámetros, como las temperaturas, los vientos, los contaminantes, la salinidad de los mares… Los científicos explotan intensamente desde hace años los datos para conocer el planeta. Pero ha llegado la hora de que esa información sea también ampliamente social y económica, que ayude a afrontar los retos y problemas de la población mundial, tal y como se puso de manifiesto en el congreso Planeta Vivo 2013, celebrado la semana pasada en Edimburgo (Reino Unido) con participación de casi 2.000 expertos internacionales.

El 71% de la superficie del planeta está cubierto por los océanos y el 29% es tierra firme; de esta, excluyendo la Antártida, el 22% son desiertos, hielo y nieve; el 28%, bosques y selvas; el 25%, tierras de pastoreo; el 13%, zonas urbanizadas, y el 12% está dedicado a las cosechas, detalló Volker Liebig, director de los programas de observación de la Tierra de la Agencia Europea del Espacio (ESA), en Edimburgo. Y más datos: de dos megaciudades en 1979 (Tokio y Nueva York), se ha pasado a 23 en 2011 y serán 37 en 2025; para mediados de siglo habrá que aumentar la producción de alimentos en un 70% respecto a 2005-2007, con una población mundial de 9.000 millones de personas (hacia 2040). Y no solo alimentos. Habrá que optimizar también el suministro de agua y de energía, manteniendo, además, la biodiversidad y los ecosistemas, recordó Volker. Así, argumentó, la imprescindible perspectiva global necesita la información detallada de la situación y evolución continua del uso del planeta que solo los satélites pueden proporcionar.

Igual que la predicción meteorológica basada en información de satélites es un servicio constante, de indudable impacto económico e imprescindible para múltiples actividades, la información detallada y precisa de la humedad del suelo, de las corrientes, mareas y oleajes costeros, de la productividad marina, etcétera, debe llegar dentro de poco a planificadores, agricultores, ingenieros de infraestructuras… como servicio imprescindible. Por no hablar de la gestión de desastres naturales o de los delitos medioambientales.

“Con el satélite Sentinel 1, que se lanzará el año próximo, vamos a proporcionar, por ejemplo, los datos tomados con radar del hundimiento o elevación del suelo con precisión de un milímetro. Ya se ha hecho para París y para Venecia, y ahora lo haremos para todas las ciudades”, explica el ingeniero español Ramón Torres, jefe del proyecto de ese satélite, el primero de la serie de los Sentinel que formarán el sistema europeo Copérnico. “Esos datos precisos de movimiento del suelo serán de gran utilidad en urbanismo y construcción, por ejemplo, influirán en los materiales y estructuras a utilizar y permitirán que accidentes como el socavón de El Carmelo, en Barcelona, en 2005, no se repitan”, añade Torres. “Es la hora de las aplicaciones comerciales”, subraya Torres. “Y no puedes tener usuarios si no ofreces continuidad y calidad de los datos”, añade. Todo esto va combinado con la revolución de Internet, las redes de datos en banda ancha, los avances en computación, las nuevas herramientas de generación de mapas, etcétera, apunta Volker.

Copérnico proporcionará datos globales, normalizados y constantes para que se puedan desarrollar aplicaciones que faciliten su uso masivo, han destacado los expertos en Edimburgo. El efecto podría ser algo similar al del sistema GPS que, tomando los datos de los satélites, ha permitido desarrollar múltiples usos. En Copérnico (antes GMES) y sus satélites, la ESA ha invertido 1.600 millones de euros desde 2005, y la UE, 600 millones. Ahora, para su operación, la UE se hace cargo del coste, que asciende a 3.800 millones desde 2014 a 2020. Según los cálculos de la Comisión Europea, Copérnico generará 30.000 millones de beneficios económicos.

Pero a la vez, las misiones científicas tienen que seguir abriendo camino. “Cara al futuro se planean satélites para la observación, cuantificación y vigilancia de las nieves en el planeta, para obtener la información global sobre la biomasa, midiendo cobertura forestal y altura de los árboles y para conocer con detalle, por ejemplo, las corrientes y otros fenómenos costeros, porque el océano abierto lo conocemos ya bien, pero a muchos efectos es un desierto, ya que la gente vive en la costa, y en ella se desarrollan las actividades económicas principales”, argumenta Alan O’Neill, profesor de la Universidad de Reading (Reino Unido).

La misión Biomass revolucionará la gestión y explotación de recursos forestales, pero también tomará información esencial para los científicos del clima, para cuantificar el ciclo del carbono e incluso para verificar los acuerdos internacionales sobre cambio climático, explicó en Edimburgo el experto Shaun Quegal, de la Universidad de Sheffield. El satélite se lanzará en 2020.

Feb 222013
 

Lichtenstein al desnudo.El mundo.es 22/02/2013

'Mujer con luz de sol', en la exposición de Lichtenstein en Londres. | C. Fresneda

Mujer con luz de sol’, en la exposición de Lichtenstein en Londres. | Carlos  Fresneda

“Yo puedo explicar la fascinación del último Lichtenstein por los desnudos…” Dieciséis años después de la muerte del precursor del Pop Art, Erica Wexler ha decidido contarlo “todo”(…).

El cuerpo femenino fue efectivamente la obsesión del pintor en su última década, y la gran sorpresa reservada para sus admiradores y detractores. Ahí tenemos los ‘Desnudos con Pelota de Playa’, en homenaje a su idolatrado Picasso. O los ‘Dos desnudos’, con claras referencias lésbicas. O la escultura metálica ‘Galatea’, con la esencia de la mujer reducida a vientre, pechos y un mechón de pelo rubio.

(…) “Soy yo quien le inspiró también el ‘Gran Interior con Tres Reflejos’. Antes de que mi llegada, las chicas que dibujaba estaban tristes o deprimidas. En sus últimas obras aparecen sin embargo serenas y alegres”.

'Desnudo azul'. | C. F.

Desnudo azul’. | C. F.

A sus 44 años, Erica Wexler (hija del guionista de ‘Fiebre del Sábado Noche’, Norman Wexler) ha reaparecido a tiempo para la promoción de su último disco, ‘Sunlit Night’, y la primera gran retrospectiva de su “amado Roy” tras la muerte por una neumonía que le soprendió, precisamente, pintando su último gran desnudo en 1997.

(…)Lichtenstein llevaba cultivando esporádicamente el desnudo desde 1974 con ‘Estudio con una modelo’. Tal y como reconoce su viuda, Dorothy, la Venus del Milo fue objeto de su temprana devoción, al igual que los desnudos de Picasso, Matisse y Cézanne. Ahora parece claro que el impulso final se debió muy posiblemente a su relación con Erica Wexler, que fue a Lichtenstein lo que Marie-Thérèse a Picasso.

(…)En 1993, coincidiendo con su retrospectiva en el Guggenheim, Lichtenstein pasó al parecer por un período de difícil transición creativa y preguntó a su musa que le ayudara a dar el siguiente paso… “Me preguntó que qué debía hacer, y yo le respondí: ‘¿No le gustan los desnudos a los artistas al llegar a tu edad, como a Degas y Renoir?’. Se quedó pensando y dijo: ‘Interesante'”.

Durante una breve entrevista en el Guggenheim, el propio Lichtenstein nos confesó entonces que había entrado en un nuevo período creativo. Sus ‘Dos desnudos’ estaban por entonces ocultos y apoyados contra la pared en su estudio de Southampton. Lo que nadie sospechaba era el alcance de su renovada pasión por el cuerpo femenino, que pone el colofón a las 125 obras en la muestra en la Tate Modern.

Otra de las obras del artista expuestas en la Tate Gallery. | C. F.

Otra de las obras del artista expuestas en la Tate Gallery. | C. F.

“Es doloroso pensar que Lichtenstein estaba completando su último y monumental desnudo de pie cuando se lo llevaron al hospital”, apunta Sheena Wagstaff, directora de Arte Moderno y Contemporáneo del Metropolitan. “Ahí queda sin embargo como su última contribución a una tradición artística de más de 2.000 años. La noción de cambio en él, fue la de la variación en la persistencia, innovando pero siendo al mismo tiempo fiel al estilo que le definió hasta el final”.

“Los desnudos, los paisajes chinos y la vuelta ocasional a la abstracción marcan la última etapa de Lichtenstein y le proyectan más allá de la etiqueta fácil del Pop Art”, sostiene la española Iria Candela, comisaria adjunta de la Tate Modern. “Lichtenstein ha sido tal vez uno de los artistas más influyentes a finales del siglo XX. Sin duda, quien más ha hecho reflexionar sobre el papel del pintor en un mundo mecanizado y tan saturado de imágenes como el que vivimos”. (…)

A primeros de los 60, tras su salto del expresionismo abstracto al Pop Art con ‘Mira Mickey’, Lichtenstein explota al mismo tiempo el filón de los comics de guerra y el mundo tormentoso los sentimientos. Sus ‘mujeres’ –casi siempre rubias, casi siempre tristes- son como maleables muñecas que sufren, lloran o desesperan casi siempre por su novio, al otro lado del teléfono o evocado simplemente por su nombre. A esa etapa pertenecen dos de sus obras más reconocibles: ‘Sin esperanza’ y ‘La chica que se ahoga’: ¡No me importa! Mejor me hundo que pedirle ayuda a Brad’.